Te regalo mis años dorados. Guardalos en una caja y cuidalos. Es el momento de decirle chau a las inocencias y comenzar a crecer. Es el momento que elegís quién querés ser. Buscás tu destino y tu esencia. Puede que incluso sean los mejores años de tu vida.
Te regalo las sonrisas, las alegrías, las tristezas, los llantos y las carcajadas. Te regalo todos los recuerdos que tengo acumulados en la mente, esperando a ser abiertos de vez en cuando.
Te regalo las fotos, el buzo, la mochila y los útiles que me quedaron. Te regalo los conocimientos y las lecciones aprendidas. Te regalo todo lo bueno y todo lo malo.
Te regalo incluso las amistades, te regalo las peleas. Aquellas que dejaron algo, y las que marcaron un fin. Te regalo las charlas, las discusiones.
Te regalo las noches, las interminables, las que pasaron volando. De las que no tengo recuerdos y de las que nunca voy a olvidar. Te regalo las melancólicas y las de fiesta.
Te regalo los amigos y los enemigos. Te regalo las relaciones. Te regalo las veces que creí que me caía y había alguien ahí para rescatarme. Te regalo las caídas y el mapa de las piedras del camino, para que puedas evitarlas.
Te regalo las respuestas a todas tus preguntas sobre estos años. Te regalo los pensamientos de los más grandes. Te regalo entradas para Pacha, un viaje a Bariloche. Te regalo las últimas horas en el colegio, para siempre. Te regalo el seminario, te regalo el último Campsic. Te regalo todas las pruebas de Colina para que no tengas que estudiar.
Te regalo los derechos de las canciones, mi contraseña para entrar al inbox, todos los chismes sobre Bariloche y todo lo que no sabés todavía.
Te regalo los corazones rotos y los curados. Te regalo las decepciones y las ilusiones. Te regalo todas mis tardes en el Sanro. Te regalo mi vida si es necesario.
Te regalo mis años dorados, si me regalás vivirlos de nuevo.
Chau secundaria.
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