Acabo de ver una leyenda en vivo. Hoy es el día que tuve la oportunidad de haber visto lo que pude de The Beatles. Hoy pasé a tener una anécdota de esas que son tan importantes que quedan en la historia para contarles a tus hijos, y cosas que quedan en tu memoria para siempre. Tuve la oportunidad de ver a Paul McCartney y Ringo Starr en vivo, y si hay momentos incomparables en la vida, estos fueron de esos.
En ambos me pasó una cosa similar. Al principio del show, aquel 10 de noviembre del 2010 cuando vi a Paul cantar y mover la cabeza como solía hacer en esos videos blanco y negro de los 60, y hoy mirando a Ringo subirse a la batería con su gran sonrisa y sus movimientos de siempre... Me agarró una sensación de creer que estaba en otro mundo. Es raro, porque cuando vas a un recital ves gente que tal vez escuchás todos los días en la radio, en el celular, ves videos suyos en internet, o simplemente recordás cosas al azar sobre ellos. Y de repente los tenés en frente, respirando el mismo aire, en el mismo huso horario, qué se yo. Es una cosa media flashera. ¿Pero ver a un Beatle en frente tuyo? No sé si hay cosas que sean comparables. Fueron (y son) la banda más hermosa que conozco. No porque hayan sido increíbles músicos, ni nada. A mi me vuela la cabeza el hecho de que eran cuatro pibes de un lugarcito medio desconocido mundialmente llamado Liverpool, se juntaron a tocar, empezaron a hacer temas con letras no muy extrañas, decidieron ir todos por el trajecito negro con camisa blanca, cortarse el pelo más o menos igual, y salir a escena. Y, chau, fueron un antes y un después. De repente había centenares de minas locas corriéndolos, flashes por todos lados, entrevistas en todo el mundo, admiradores en cientos de países. En un momento estaban recorriendo el mundo siendo nenes, viviendo el sueño, de evento en evento, y cuando subían al escenario tenían esas sonrisas que te comunican todo lo que necesitás saber para darte cuenta que una banda y su música puede hacer la felicidad de cuatro personas, y de miles de seguidores. Es hermoso eso. El hecho de que de repente eran la cosa más grande del mundo, y decidieron usar su voz para representar una revolución. Ser la voz de un mundo que pedía cosas nuevas. La voz de un futuro mejor, de un mundo nuevo.
Estos tipos hicieron cosas que la mayoría de nosotros sólo sueña con lograr. Me fascina cómo saltaron de hacer canciones como "she loves you, yeah, yeah, yeah" a temas súper conmovedores y fuertes. Me vuela la cabeza las sonrisas en sus caras, la sencillez de lo que eran sus recitales, y la cantidad de gente que movían. No necesitaban numeritos de baile, video clips haciéndose los sexys, publicidad por todos lados, estar en todas las tapas de las revistas faranduleras. Vaya uno a saber cómo pasó que, de un momento a otro, eran el furor mundial y el cambio radical en la música que todos estábamos buscando sin siquiera saberlo.
A mi me cambiaron. Son un antes y un después en mi vida. Hay gente que no les gusta su música, y obviamente es respetable. Pero ver a un Beatle en vivo es estar en frente de gente que hizo una diferencia en el mundo. Estás en frente de una leyenda. Una historia. Un genio. Me pasó las dos veces, en River en el 2010 y hoy en el Luna, que miraba a Paul y Ringo y no podía creerlo. Mis viejos crecieron con ellos. Mis viejos bailaban sus temas. Escuchaba hablar de estos tipos, un día los conocí, me cambiaron la vida. Tuve en frente a los mismos Beatles de A Hard Day's Night. Estuve presente en un recital donde tocaron temas como Yellow Submarine, Let it Be, Hey Jude, With a Little Help from my Friends. Son Beatles. Son gente de otro planeta.
En fin, es imposible de explicar. Es como ver aquellos recitales de los 60 en frente tuyo, y reconocer a las mismas personas. Las mismas cositas boludas que nota un fan. El movimiento de cabeza de Ringo mientras toca la batería. Su sonrisa incomparable. El hecho de que aplaude con los palitos de la batería (una burrada lo mío, pero no sé cómo se les llama). La misma voz profunda y dulce de Paul, el movimiento del piecito en los temas más rocker, los pelos volando al ritmo de la música, el hecho de que toca la guitarra y el bajo al revés porque es zurdo. Qué se yo. Pelotudeces. Cosas que me emociona saber, cosas que me emociona haber visto. Cosas reales. Es como si de repente todo lo que viste durante años sea puesto en frente y te digan: es real. Son gente. Existen. A mí me parecen dioses de otro mundo, qué querés que te diga. Veo a Paul McCartney y me inclino ante él. Veo a Ringo Starr y me hago pis encima. Doy mi sanidad por esta gente. Porque cambiaron el mundo, y no me entra en la cabeza cómo pueden ser reales.
Hoy cumplí el sueño. Hoy vi 1/2 de Beatles. Y algún día, el mundo y el universo quieran, voy a tener la posibilidad de encontrarme en alguna parte de esta galaxia con mi querido George y John. Quién sabe cómo. Quién sabe si va a pasar. Ojalá la vida y todo hubiesen esperado un poco más. Daría lo que sea por tener una máquina del tiempo y volver a aquellos hermosos 60. Daría todo lo que tengo y lo que no por estar presente en uno de esos recitales. Hoy veía gente de la edad de mis viejos, casi de la edad de mi abuela. Me emociona saber que soy parte de algo que lleva tantos años. Me emociona saber que esta gente nació y creció con leyendas así. Me mueve. Me da una sensación que es súper difícil de explicar. Qué no daría por haber tenido la oportunidad de crecer con los Beatles. Me fascina la idea de saber que en este mundo hubo y hay gente tan grosa. Me deja anonada.
Estoy anonada.
Gracias, mis queridos cuatro. Gracias por lo que fueron, lo que son, lo que me hicieron. Gracias por ser parte de mí y del mundo. Soy lo que soy por gente así.
Que viva la revolución del amor.
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