Muchos alguna vez me preguntaron si me molestaba tener que usar lentes de contacto, tener que sacármelas todas las mañanas y todas las noches, limpiarlas, mantenerlas hidratadas, cuidar que no se rompan y evitar rayarlas... Yo siempre digo que no, que ya me acostumbré.Bueno, es verdad, estoy acostumbrada. Hace más de un año y medio que las tengo y que me hice un tiempito en mi vida para colocarlas en mis complicados ojos y sacarlas cada noche. Y de a poco, fueron pasando los días, los meses, el año... Ya soy "experta" y podría decir que me pasaron mil cosas con estas lentes que no voy a olvidar, me habré olvidado como diez veces los líquidos en casa y tuve que inventar envases más de unas cinco veces...
La realidad, es que aunque estoy más que acostumbrada, por dentro, muy en el fondo, a donde ni yo tengo acceso casi, sé que me duele. Sí, me duele tener que usarlas. ¿Por qué hay personas que tienen la vista muy bien? ¿Por qué no soy una de ellas? ¿Por qué mientras hay gente que llega a su casa de una fiesta se tira a dormir y yo me tengo que quedar como una tarada sacándome las lentes? ¿Por qué tengo que llevar conmigo a todos lados ese feo estuche lleno de taradeces para ellas? ¿Por qué tengo que usar anteojos cuando me las saco? ¿No sería mucho más fácil la vida si no tuviera ningún problema en la vista? No entiendo por qué a mí.
Y es raro que yo me esté preguntando esto, de hecho, no lo hago desde que tengo siete años. Me acuerdo que era mi primer año con anteojos. Era una nena linda y flaquita y usar anteojos me daba un toque de personalidad... Pero aún así recibía las burlas de todos mis compañeros, que, con el paso de los años, aprendieron que a mí me dolía y dejaron de hacerlo. Para cuando estaba en sexto grado mi autoestima en cuanto a los anteojos había subido muchísimo, ya ni me importaba lo que me dijeran, porque lo que más me importaba era lo que me decían mis amigos y como ellos ya no me decían nada, ni pensaba en mis feos anteojos. Solía estar feliz cuando los cambiaba, elegía marcos lindos y que me gustaran. Y siempre era lindo llegar con algo nuevo al colegio. Pero un día también me empecé a poner gordita. Y eso no se solucionó con el paso del tiempo. Mi cuerpo estaba en desarrollo y mis amigos solían llamarme "gorda", pero con buenas intenciones, me lo dicen todavía cariñosamente aunque tengo muy en claro que ya no lo soy (y estoy decidida a no serlo más). Tampoco me importó, por lo menos, hasta que llegué a la secundaria. El primer año, en ese momento no recuerdo los motivos, pero no me importaba. Ahora veo algunas fotos y me di cuenta de que toqué fondo en ese momento de mi vida. Estaba gordita y tenía anteojos, y pensaba que algún chico se me iba a acercar, soñando que era hermosa. Y aunque los cuentos, las revistas y las películas nos dicen que no hay que preocuparse por lo de afuera, la realidad de nuestros días no es tan así: yo creo que podés ser gordita y hermosa, pero si ensima tenés anteojos, como yo en su momento, no tenés oportunidades con el chico tan lindo del año que sigue. Y lo digo de onda, sin ser cruel ni mala. Entonces, un día, estabamos hablando de mis anteojos con mis papás, y de un momento a otro me largué a llorar y pedía gritando y suplicando que me hicieran unas lentes de contacto. No quería ser más "la gordita con anteojos" y me cansaba que la gente me tratara como una tarada. Quería demostrar que lo de afuera no va conmigo y que me importa más lo de adentro y que no iba a cambiar por dentro si cambiaba por fuera.
Y así fue, me hice las lentes. Y ese mismo año me desarrollé. Mi cuerpo se estilizó. Estaba mucho más flaca (había adelgazado diez kilos en menos de cinco meses) sin hacer ningún tipo de dieta ni ejercicio extremo. Ya no tenía la pancita y comencé a usar dos o tres talles menos. Estaba más linda podría decir. Recuerdo que el primer día de clases llegué y todos se quedaron impactados -no lo digo de creída, pero yo también habría pensado que era raro ver a "la gordita con anteojos" más flaca y sin ellos-, en la clase me empezaron a preguntar qué había pasado con mis anteojos, hasta los profesores. Y yo estaba contenta, nada me importaba más que eso (me acuerdo que hasta el chico que me gustaba de mi mismo curso le había dicho a mi mejor amiga "¿qué le pasó?, ¡está mucho más flaca!").
Y sigue sin importarme nada más, me siento linda. Mis amigas me dicen que soy re diosa (jajaja) y mis amigos me dicen que estoy re flaca. Aunque admito que no me siento del todo cómoda, sé que estoy perfecta con mi estado. Ahora por lo menos sé que hay chicos a los que les parezco linda, y el chico que me había gustado toda la primaria se dignó a darme bola (cabe aclarar que no me interesa porque él fue un idiota y no pienso cambiar mi decición en la vida).
Y los anteojos, quedaron en el olvido. Pero las lentes siguen acá. Anoche se me llenaron los ojos de lágrimas: odio ir al oculista. Siento un dolor interno cada vez que lo visito. Siento que, aunque esa etapa de mi vida ya está superada, sigo siendo parte del mundo de los que tienen problemas de vista. Y no me gusta. No es de discriminativa, ni nada de eso. Pero creéme que no es nada lindo saber que todos tus amigos ven perfectamente bien, o que tu compañera de banco (que además es tu amiga) te diga "estás ciega" cuando no ves que dice en el pizarrón -porque te sentás en el último banco, lo más alejado a él-, o que algunos te sigan llamando "cuatrochi" cuando se creen que es gracioso, e incluso cuando salís con tus amigos o vas a la casa de una amiga a dormir, y tenés que andar contando las horas que los tenés puestos para que no te irriten los ojos. Y es aún peor cuando tenés partido con tu equipo, que amás jugar y divertirte con las demás jugadoras, y no podés ir porque tenés oculista.
Ya no lo siento tan duro como antes, pero aún así, una minúscula parte de mi corazón lo siente y creéme que le duele tanto como al principio. La gente no sabe lo que hay detrás de cada cosa de cada persona. Y hablan como si lo supieran, como si no nos doliera. Esos insignificantes "estás ciega" me duelen en el alma. Sé que no es un problema curable y que se va sólo con una cirugía, y tengo miedo. Pero nadie lo siente, nadie lo sabe. Solamente los que lo vivimos sufrimos ese dolor. Pero en este mundo, todos son demasiados vivos y cancheritos para asegurar que "no te puede molestar tanto".
Mi amooorr, sabes que paso por lo mismo, solo que lo mio no se puede curar solo con una cirugia y ensima que no es segura. Yase que diciendote esto no voy a solcucionar nada, y no es lo que trato de hacer poruqe yo no lo puedo hacer, pero lo que puedo hacer es hacerte entender que no estas sola en esot, que yo siempre voy a estar para todo lo que necesites y te voy a apoyar en todo y todo el tiempo. Lo mio creeme qe es peor pero nos parecemos porque la verdad duele saber que por ejemplo mi columna esta mas que torcida y ensima no se puede arreglar con una sola cirugia sino que con mas y ensima NO ES SEGURA. Duele saber que vos tenes problemas de columna y tu compañera, no tiene nungun problema de salud, NINGUNO.
ResponderEliminarAunque no lo creas, aunque no lo quieras pensar, creeme que en esto no estas sola, me tenes a mi que te entiendo.
Todo va a estar mas que bien, y te lo digo yo que ya casi no me quedan esperanzas:)
Te amoo
Florr