12.04.2009

Tan seguro como que hay infierno que no ve lo que se viene encima

[...]
-Debes hacer algo por mí, Jacob.
-¡Y un cuerno, parásito!
No dejó de mirarme con esos ojos enturbiados en parte por la fatiga y en parte por la locura.
-¿Y por ella?
Apreté los dientes con fuerza.
-Hice todo lo posible por apartarla de ti. Todo. Ahora es demasiado tarde.
-Tú la conoces, Jacob. Mantienes con ella una relación a un nivel que yo ni siquiera soy capaz de comprender. Eres parte de ella y ella de tí. A mí no va a escucharme, pues piensa que la subestimo. Bella se cree lo bastante fuerte para salir airosa de esto...-el sofoco le impidió respirar. Se calmó y tragó saliva-. Puede que a ti te oiga.
-¿Y por qué a mí sí?
Se levantó tambaleándose. Me pregunté si no se le habría aflojado algún tornillo. ¿Podían volverse locos los vampiros?
-Quizá-respondió tras leerme la mente-. No sé. Esa pinta tiene-meneó la cabeza-. Intento ocultarlo delante de ella, ya que la tensión le hace empeorar. No puede soportar nada tan deprimente como esto. He de mostrar compostura a fin de no hacérselo más duro, pero ahora todo esto importa muy poco. ¡Ha de escucharte!
-No puedo decirle nada que tú no le hayas dicho antes. ¿Qué quieres que haga? ¿Asegurarle que es tonta de capirote? Lo más probable es que ya lo sepa. ¿Soltarle que se va a morir? Apusto a que eso también lo sabe.
-Puedes ofrecerle algo que ella quiere.
Cullen daba palos de ciego, iba sin brujula. ¿Eso formaba parte de su locura?
-Solo me interesa que su corazón no deje de latir-continuó, repentinamente muy cerrado-. Si es un niño lo que quiere, lo tendrá; como si desea una docena. Lo que quiera, cualquier cosa-se detuvo durante un latido de corazón-. Puede tener cachorros si es eso lo que prefiere.
Nuestras miradas se encontraron durante un momento. Bajo una fina capa de autocontrol, su rostro era la viva imagen del terror. El ceño fruncido se me vino abajo y la boca se me abrió de sorpresa conforme empecé a asimilar el significado de sus palabras.
-¡Pero no de esa forma!-masculló antes de que pudiera recobrarme-. No con eso que le absorve la vida mientras yo estoy aquí, observando con impotencia cómo enferma y se consume, contemplando cómo esa cosa le hace daño-tragó una bocanada de aire a toda prisa, como si alguien le hubiera asestado un puñetazo en el estómago-. Debes hacerla entrar en razón, Jacob. Ella ya no va a escucharme. Rosalie no se aparta de su lado, y no deja de alimentar su locura, y de infundirle coraje, y de protegerla. No, no la protege, cuida del engendro. La vida de Bella no significa nada para ella.
El sonido contenido de mi garganta sugería que me estaba asfixiando.
¿Qué había insinuado, que Bella debería...? ¿El qué? ¿Tener un bebé? ¿Mío? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Me la estaba entregando o tal vez creía que a ella no le importaba ser compartida?
-Lo que sea y como sea, siempre que siga viva.
-Es la estupidez más descomunal que has dicho hasta ahora-murmuré.
-Ella te quiere.
-No lo suficiente.
-Está dispuesta a morir por tener un hijo. Quizás acepte una alternativa menos radical...
-¿Acaso no la conoces?
-Lo sé, lo sé. Va a hacer falta una gran dosis de persuasión para convencerla; por eso te necesito. Sabes cómo piensa. Puedes hacerla entrar en razón.
No podía pensar en su sugerencia. Era excesiva. Imposible. Equivocada. Una aberración. ¿Qué proponía? ¿Tener en préstamo a Bella durante los fines de semana y luego devolverla el lunes como una peli de alquiler? ¡Menudo lío!
Y demasiado tentador.
[...]

AMANECER
Mi reacción fue exactamente la misma que Jacob cuando entendí el sentido de esa frase.

No hay comentarios:

Publicar un comentario