¿Alguna vez te sentiste como si fueses tu propio enemigo? Lo único que te impide ver las cosas con ojos abiertos sos vos, tu propia sombra. Cuando rogás que pase algo con todo tu corazón, y con toda la suerte eso llega, te alejás como huyendo despavorido. Y la pregunta es ¿por qué? Es como si intentara alejarme de todo aquello que va a tener una solución. Es como si jamás quisiera arreglar las cosas. Es como si todo lo que me gustaría sacar de mi vida, no me gustara ni siquiera intentar hacerlo por las buenas. Miles de veces quise agarrar todo, esconderlo en una caja, cerrarla y tirar la llave al río. Pero es imposible. Los problemas no se resuelven a manera bruta. Los problemas se resuelven con voz, con habla, conversando. Algo que se me da muy bien, o por lo menos eso es lo que pienso. Porque cuando llega el momento de actuar, me quedo intacta como una piedra y lo único que sale de mi boca son incoherencias. Es como si de repente toda mi fortaleza desapareciera y mi peor temor se hiciera presente. Soledad. ¿Tanto miedo tengo de enfrentarme a todo el mundo?
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